-No quiero que acabe la noche -confesó él.
Paula suspiró.
-Yo tampoco.
Pero tenía que acabar, por supuesto. Las fantasías no podían durar para siempre.
-Mañana podríamos ir a visitar algún otro lugar de la isla -sugirió Pedro.
Paula se iba al día siguiente. Aquélla era su última noche en la isla y al día siguiente estaría en una lancha antes de que la mayoría de los huéspedes se hubieran despertado. Iba a decírselo a Pedro, pero algo le hizo contenerse. Había sido una tarde tan perfecta, después de un día tan perfecto... No quería que terminara con una incómoda despedida.
-Tal vez -fue todo lo que dijo.
Pedro pareció satisfecho con su respuesta. Empezó a tararear una canción mientras caminaban por la húmeda arena.
-Stardust -murmuró Paula, sonriendo.
El sonrió y luego, impulsivamente, se volvió y la tomó en sus brazos. Tras hacerle quitarse los zapatos y hacer lo mismo con los suyos, se puso a bailar con ella. Paula rió y cooperó gustosa.
Pedro era el hombre más romántico que había conocido.
Rodeó con los brazos el cuello de Pedro y lo besó exactamente como había deseado hacerlo desde que la tomó entre sus brazos la primera vez para bailar. Sin ninguna contención.
Un grave gemido surgió del pecho de Pedro, que vibró contra el de Paula. Tomó el rostro de ésta entre sus manos y dejó un rastro de besos por todo su rostro.
-Volvamos -dijo, con voz ronca.
Paula supo lo que quería decir. De vuelta a la cabaña, la suya o la de él, daba lo mismo. El día que habían pasado conducía inevitablemente a aquello.
“Lo deseo”, pensó, mirando sus oscuros e intensos ojos. Nunca había deseado a otro hombre de aquella manera, y era posible que nunca volviera a sentirse así. Esa noche podía ser su última oportunidad de conocer la pasión verdadera.
Pedro la tomó de la mano y Paula notó que su pulso no era especialmente firme. Y quiso creer que el contacto que había entre ellos era tan único, especial y totalmente inesperado para él como lo era para ella.
No había ido a aquella isla a enamorarse.
Y, sin embargo, le había sucedido, al menos un poco. ¿Acaso estaría tan mal que se concediera esa única noche con aquel increíble hombre?
Nadie tendría por qué saberlo. Sería su regalo de cumpleaños. Una aventura a saborear, un recuerdo para atesorar, una experiencia que no volvería a repetirse.
Suspiró mientras caminaban hacia las cabañas. Era más de media noche, pero no estaba cansada. De hecho, se sentía especialmente despejada.
Sentía la luz de la luna y la caricia de la brisa en su rostro de un modo increíblemente sensual.
-Magia -murmuró.
-¿Disculpa? -dijo Pedro, mirándola.
-Magia -repitió-. Esta noche parece demasiado perfecta para ser real.
Pedro se llevó su mano a los labios.
-Yo estaba pensando lo mismo de ti. Eres casi demasiado perfecta para ser real.
Paula negó con la cabeza, afectada por las palabras de Pedro.
-Estoy muy lejos de ser perfecta.
-Creo que te costaría mucho convencerme de eso.
Paula apartó la mirada.
-Dices eso porque no me conoces.
-Estoy deseando remediar eso cuanto antes.Paula supo que ése era el momento de decirle a Pedro que se iba al día siguiente temprano. Que no iban a tener oportunidad de conocerse mejor. Sospechaba que Pedro se sorprendería mucho si averiguara que la auténtica Paula Chaves era muy diferente a la mujer que se había permitido ser en aquella isla. Dudaba mucho que siguiera interesado en ella si estuviera al tanto de todas las responsabilidades que tenía. Otros hombres se habían sentido atraídos en principio por su aspecto, pero perdieron rápidamente el interés en cuanto supieron la carga que supondría mantener una relación con ella.
Se reafirmó en su decisión. Sería mejor que no mencionara su plan de marcha.
Pedro se detuvo ante la puerta de su cabaña.
-Tengo champán dentro -dijo-. ¿Quieres tomar una última copa conmigo esta tarde?
Una última copa con él. Punto. No habría otras. El pecho de Paula se contrajo con algo parecido al pesar, pero se recordó que no tenía intención de estropear aquella vivencia con sentimientos de pesar.
-Sí, me gustaría -dijo.
Pedro abrió la puerta.
Paula tragó con esfuerzo antes de pasar al interior.
El cuarto de estar de la cabaña de Pedro se parecía mucho al suyo, pensó, frotándose las repentinamente sudorosas manos en la falda. Había una lámpara encendida junto al sofá que difundía una tenue y agradable luz a su alrededor.
La camiseta que Pedro había llevado esa mañana estaba sobre una silla. Paula lo imaginó quitándosela por encima de la cabeza y notó cómo se le secaba la boca.
-¿Has dicho que tenías champán? -preguntó, y su propia voz le sonó extraña.
Pedro sonrió y asintió.
-Siéntate -dijo, señalando el sofá-. Voy a buscarlo.
El pequeño bar estaba en un rincón de la habitación. De paso, Pedro se detuvo para poner en marcha el equipo de música. Un momento después empezaba a sonar la voz Nat King Cole por los altavoces. Unforgeattable.
Pero Paula no necesitaba una canción que le recordara que nunca olvidaría esa noche.
Ni a Pedro.
El llenó dos copas y las llevó hasta el sofá, uno de cuyos rincones había ocupado Paula. Ignorando el otro rincón, Pedro se sentó junto a ella y pasó el brazo derecho por sus hombros mientras alzaba en su mano izquierda la copa.
-Por la magia -murmuró.
Paula tocó con su copa la de Pedro, haciendo un esfuerzo por controlar su pulso. Luego la llevó con bastante desesperación a sus labios.
Pedro la observó mientras daba un sorbo a su champán.
-¿Tratas de encontrar coraje en esa copa, Paula? -preguntó.
Ella se aclaró la garganta y apartó la mirada.
-Tenía sed.
Pedro le quitó la copa de las manos y la dejó en la mesa que había junto al sofá. Luego apoyó una mano en su mejilla y le hizo volver el rostro hacia él, de manera que Paula no tuvo otra elección que mirarlo.
-¿Tienes miedo de mí?
La pregunta fue franca, pero contenía un matiz de ternura.
Paula retorció las manos en su regazo.
-Por supuesto que no.
No tenía miedo de Pedro, se dijo. Tenía miedo de sí misma, tal vez, y de su forma de reaccionar ante él. Miedo de los sentimientos que despertaba en ella, miedo de no poder olvidarlo el resto de su vida. Pero no tenía miedo de él... al menos, no mucho.
-Eres tan hermosa -murmuró Pedro, acariciándole la mejilla.
Paula no se sintió especialmente cómoda con su cumplido.
Ser bonita había sido una de sus grandes ventajas en el colegio. Gracias a ello los chicos querían estar con ella. Su rostro y su figura fueron lo que atrajo a Vince hacia ella; le gustaba cómo quedaba colgada de su brazo.
Le molestó pensar en Vince ahora. Aquella era su fantasía, se recordó mientras Pedro acercaba su boca a la de ella. Su secreta y privada celebración por todo lo que había dejado detrás, por todo lo que había pasado.
Había elegido estar allí. Y sería tonta si no lo aprovechaba al máximo, se dijo mientras deslizaba las manos hacia arriba por el pecho de Pedro.
Contra sus labios, Pedro murmuró:
-No temas, Paula. ¿No sientes lo bien que está esto?
A Paula nunca le había parecido que algo hubiera estado mejor.
Pedro le hizo el amor a su boca mientras deslizaba la mano por su brazo desnudo hasta su muslo. Paula sintió su calidez a través de la fina tela de su vestido y un intenso calor de respuesta se retorció en su interior.
Pedro se inclinó hacia ella. Murmurando palabras bonitas, enterró el rostro en su cuello, mordisqueando su piel hasta que Paula se arqueó contra él, sintiendo que todo su cuerpo temblaba. Despacio, Pedro introdujo los dedos bajo el vuelo de su falda y los fue deslizando por su muslo hasta su cadera.
Inconscientemente, Paula se arrimó a él, anhelando que la tocara más íntimamente, deseando sentir sus manos en ella, sus pieles unidas. Sin detenerse a pensar en sus actos, empezó a desabrocharle la camisa.
Tuvo que reprimir un gemido cuando finalmente pudo extender las manos sobre el pecho desnudo de Pedro. Sintió los músculos contrayéndose bajo sus dedos, la incisiva excitación presionada contra su muslo.
Lo quería en su interior, tan dentro que no supiera dónde empezaba y dónde acababa su cuerpo. Quería sentir cosas que nunca antes había sentido, conocer la clase de pasión sobre la que hasta ahora sólo había fantaseado.
Pedro le daría aquellas cosas. Aunque lo hubiera intentado, no habría podido crear un amante más perfecto en su imaginación.
Bajo su falda, los dedos de Pedro acariciaron la parte de Paula que más palpitaba de necesidad. Gimió.
Pedro acercó el rostro al escote de su vestido y apartó la tela para desnudar la parte superior de sus pechos. Su boca era ávida, su aliento cálido. Deslizó la punta de la lengua a lo largo del borde del diminuto sujetador de encaje, pasando muy cerca del endurecido pezón.
Paula se estremeció, sin control.
-Paula -la voz de Pedro fue apenas reconocible. Se apartó para mirarla y en su rostro ruborizado brillaron sus ojos con una intensidad casi animal. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su agitada respiración y Paula supo que su deseo era mutuo.
A su alrededor el aire parecía crepitar con el calor que habían generado. Éste había ido creciendo entre ellos desde el momento en que se habían encontrado. Paula no estaba segura de poder controlarlo ni aunque lo intentara.
-Te deseo -dijo Pedro, y sus palabras fueron las de un hombre anhelante, posesivo.
Un repentino pánico recorrió a Paula, que se quedó helada bajo las manos de Pedro. De pronto, aquel momento pareció demasiado fuerte, demasiado real.
¿Qué estaba haciendo?
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Les dejo los dos capitulos!! Espero que comenten, pueden hacerlo como anonimo!!! tw @Floor_PauChaves
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Les dejo los dos capitulos!! Espero que comenten, pueden hacerlo como anonimo!!! tw @Floor_PauChaves
Ayyyyyyyy, qué tiernos los 2 caps!!!!!!!!! Mañana subí más x favor, está buenísima esta historia.
ResponderEliminarQue linda historia ¡! Mr encantan ellos .. ♥
ResponderEliminarGeniales los dos caps!! Quiero seguir leyendo! ! mimiroxb
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