jueves, 19 de febrero de 2015

Capitulo 4 -Conquistandote-

-No me extraña que el dueño quiera conservar este lugar para sí mismo -murmuró-. Nunca había visto nada más hermoso en mi vida.
-Yo tampoco.
La voz de Pedro sonó grave y cercana. Muy cercana. Paula se volvió y vio que estaba a escasos centímetros de ella, devorándola con la mirada. Se estremeció y trató de sonreír.
-Siempre me estás mirando -dijo, sonriendo y tratando de hablar en tono ligero.
-Nunca he visto nada más hermoso en mi vida.
Paula estuvo a punto de gemir. ¿Cómo podía comportarse de modo razonable si Pedro le decía cosas como ésa?
No podía.
No trató de resistirse cuando él alargó una mano hacia ella. Se movió despacio, tratando de no sobresaltarla, pero Paula podría haberle asegurado que no había necesidad de ello.
No le tenía miedo. Tal vez debería tenérselo, o, al menos, debería sentir cierta cautela por los sentimientos que aquel hombre despertaba en ella, pero no era así.
Mirando sus ojos negros, se vio reflejada en ellos, vio el asombro y el anhelo de su propio rostro. Alzó una mano hasta la mejilla de Pedro, pensando de nuevo que era el hombre más atractivo que había visto. Tenía el aspecto de los héroes de las viejas películas, la clase de rostro que adoraban las cámaras.
Pedro permaneció muy quieto, dejando que Paula explorara su rostro con la punta de los dedos. Parecía estar conteniendo el aliento. Ella sintió cómo se estremecía cuando deslizó la mano por su garganta y a lo largo de su ancho pecho. Aquella involuntaria reacción por parte de Pedro le dio valor para acercarse y alzar la boca invitadoramente hacia él.
Pedro no perdió tiempo en aceptar su silenciosa oferta. Cubrió con su boca la de Paula con una fuerza que hizo que ésta se balanceara hacia atrás. Ella lo rodeó por el cuello con los brazos, entrando en pleno contacto con su fuerte cuerpo, apoyando sus pechos contra él y rozando sus piernas desnudas. Él deslizó las manos por su espalda, presionándola, moldeándola, atrayéndola hacia sí.
La deseaba.
La evidencia era inconfundible. La sensación increíble. Electrizante.
Pedro la deseaba con la pasión de un hombre maduro, con una sinceridad e intensidad que Paula encontró casi irresistible. Estaba haciendo maravillas con su ego femenino, que tantos golpes había recibido a lo largo de los años, y le estaba inmensamente agradecida por devolverle algo que creía irrevocablemente perdido. El sentido de su capacidad para despertar deseo, de su valor como persona.
Aunque no lo conociera realmente, no pudo evitar amarlo por ello. Al menos un poco, se dijo, echando atrás la cabeza para dejar que Pedro profundizara el beso.
Su lengua penetró anhelante entre los labios de Paula y acarició el interior de su boca con una sensualidad irresistible, empujándola a devolverle la caricia.
Oh, que bien sabía. Cálido, picante, varonil...
Pedro se movió contra ella, alimentando el fuego de su interior. Un placentero dolor palpitó entre los muslos de Paula, que se apretó contra la dura respuesta que notaba entre los de él.
Pedro gimió y apoyó las manos en sus nalgas para atraerla con firmeza contra sí.
-Paula -murmuró, apartando su boca de la de ella para respirar-. ¿Tienes idea de lo que me estás haciendo?
Oh, sí, sabía exactamente lo que le estaba haciendo. Aunque no hubiera sentido la excitación de Pedro contra su abdomen, podía verlo en el rubor de sus mejillas, oírlo en su agitada respiración, sentirlo en los temblores que lo recorrían.
Y rió eufórica, sintiéndose más viva y libre de lo que se había sentido hacía años.
En respuesta a la risa de Paula, la boca de Pedro se curvó en una maliciosa sonrisa de pirata. La alzó del suelo y giró con ella, hasta que, riendo, Paula le rogó que parara.
-Eso te enseñará a reírte de mí -dijo él con exagerada fiereza mientras la dejaba en el suelo. Paula tuvo que aferrarse a él hasta que el paisaje dejó de dar vueltas a su alrededor.
-Eres realmente peligroso -dijo, sin aliento.
La expresión de Pedro se volvió repentinamente tierna. Tomó el rostro de Paula entre sus manos.
-No para ti, corazón -dijo.
Y volvió a besarla, con tanta dulzura que Paula sintió que se le hacía un nudo en la garganta.
-¿Es que no sabes leer, amigo? Los turistas no pueden entrar aquí.
La grave, amenazadora e inesperada voz hizo que Paula se apartara rápidamente de Pedro.
El intruso tenía un aspecto tan peligroso como su voz. Su pelo era negro, sus entrecerrados ojos, de obsidiana, sus rasgos oscuros y formidables. Debía medir más de un metro noventa y vestía camisa blanca y pantalones negros.
Pedro ladeó la cabeza y miró al otro hombre con gesto arrogante.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Tirarme por el risco?
-Tal vez -replicó el hombre de la camisa blanca en tono muy serio.
Paula pensó que había llegado el momento de intervenir.
-No se preocupe -dijo, dirigiéndose amablemente al recién llegado-. Pedro es amigo del dueño.
El hombre posó sus ojos en el rostro de Pedro.
-¿Es eso cierto?
Pedro miró a Paula.
-Er... ¿Te he dicho yo que era amigo del dueño?
Le había mentido, pensó Paula, y ahora estaban los dos metidos en un lío. Lo miró con cara de pocos amigos.
-Sí, me lo has dicho.
El hombre suspiró y movió la cabeza.
-¿Tratando de impresionar de nuevo a una mujer bonita diciendo que eres amigo mío, Pedro? ¿Cuántas veces voy a tener que decirte que no lo hagas?
Paula comprendió que acababan de tomarle el pelo a la vez que los dos hombres sonreían.
-Paula -dijo Pedro-. Éste es Rafe. Le gusta simular que es el supremo jefe de su isla. Creo que a eso se le llama complejo de Napoleón.
Rafe Dancer se volvió hacia Paula.
-Puedo hacer que el equipo de seguridad venga enseguida si este hombre la está molestando -dijo, cortésmente.
Una reacia sonrisa curvó la boca de Paula.
-No hace falta, creo que puedo manejarlo sola -mintió-. Pero gracias por la oferta.
-Asegurarme de la comodidad de los turistas es parte de mi trabajo.
-No te preocupes -dijo Pedro, en tono de suficiencia-. Si necesitamos algo, te lo haremos saber.
Rafe se limitó a alzar una ceja.
-Me refería a los turistas que considero valiosos, por supuesto -remarcó, dejando claro que Pedro no entraba en esa categoría.
Pedro se limitó a reír y a mover la cabeza.
-Con este tipo es imposible decir la última palabra.
Rafe se volvió hacia Paula.
-Espero que esté disfrutando de su estancia en la isla, señorita...
-Paula -dijo ella con una sonrisa-. Y, sí, lo estoy pasando maravillosamente.
Rafe inclinó la cabeza, aparentemente satisfecho con su respuesta.
-En ese caso, dejaré que sigas disfrutando. No dudes en recurrir a mí o a cualquier miembro de la plantilla si necesitas algo. Nos vemos luego, Pedro.
Sus palabras parecían contener tanto una promesa como una advertencia. A continuación, Rafe Dancer se alejó por el sendero tan silenciosamente cómo había llegado.
Parpadeando, Paula se volvió hacia Pedro.
-Discúlpame, pero tu amigo da un poco de miedo -dijo con franqueza.
Pedro rió.
-Si él te da miedo, deberías conocer a su esposa. Y a su hijo de dos años.
A Paula le costó imaginar a aquel hombre como padre de un pequeño. Entonces recordó la calidez de su sonrisa y decidió que, después de todo, tal vez sí podía imaginárselo.
-¿Qué hacemos ahora? -preguntó Pedro-. ¿Hacemos el amor apasionadamente entre los arbustos o vamos a nadar?
Paula lo miró, sin saber si había entendido correctamente.
La traviesa expresión de Pedro le confirmó que había oído exactamente lo que había dicho.
Le dedicó un ceño fruncido, a pesar de que tuvo que esforzarse por no sonreír.
-Vamos a nadar.
Pedro suspiró con pesar.
-Si insistes...
Nunca sabría lo tentada que se sintió Paula a arrastrarlo a los arbustos para hacerle cumplir su primera sugerencia.


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Dejo el capitulo a esta hora, porque no se si a la noche puedo subir... O si subiria, lo haria MUY tarde! 
Espero que les guste y que dejen comentarios.. Tw: @Floor_PauChaves

3 comentarios:

  1. Ayyyyyyyy, me encantaron los 2 caps!!!!! Es re entretenida y las descripciones son exquisitas.

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  2. WOW muy buenos los capitiloss. esta nove se puso INTERESANTE !!!

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  3. Muyyyy lindos capítulos. Me encanta ¡

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