viernes, 27 de febrero de 2015

Capitulo 21 -Conquistandote-

-Corazón, desde que llegué a Campbellville y te vi con tus hijos supe que para ti eran lo primero. Ese es sólo un motivo más por el que admirarte. No dejaremos que les hagan daño.
Paula quiso creer que eso podía ser tan sencillo como parecía por el confiado tono de Pedro.
-He llamado para decirte que podré estar de vuelta el viernes -continuó él-. ¿Estás libre el viernes por la tarde?
-Sí, estoy libre.
-Estupendo. Me gustaría llevar a toda tu familia a cenar. A algún lugar bonito. Tu madre está incluida, por supuesto.
-¿Tratando de suavizarla? -preguntó Paula.
-Sí. ¿Crees que una comida en un restaurante caro me ayudará a conseguirlo?
-Seguro que no hace daño. Normalmente le gustan esa clase de cosas.
-Entonces habrá que intentarlo.
Aunque, por una parte, Paula temía la atención pública que aquella salida pudiera atraer sobre su familia, necesitaba saber con exactitud qué esperar de su relación con Pedro.
-Te echo de menos, Paula.
Sólo llevaban separados veinticuatro horas, pero lo cierto era que Paula echaba tanto de menos a Pedro que casi le dolía.
-Volveré a llamarte mañana, ¿de acuerdo? -continuó Pedro-. Y avísame si algún periodista vuelve a darte la lata. Haré lo posible por librarte de él.
-Gracias, pero sé cuidar de mí misma, Pedro.
-No tengo ninguna duda al respecto -dijo Pedro-. Buenas noches, amor.
-Buenas noches.
Paula colgó lentamente, y permaneció un rato de pie junto al teléfono, preguntándose en qué lío se había metido cuando aceptó por primera vez la mano de Pedro para bailar.

Cuando el miércoles por la tarde sonó el teléfono, Paula lo descolgó en su habitación, esperando que fuera Pedro.
-¿Hola?
-¿Hablo con la famosa y sofisticada Paula Chaves, conocida por sus relaciones con la jet?
Paula gruñó y se sentó en el borde de la cama.
-Debería haber sabido que recibiría una llamada como ésta.
Su prima Emily rió al otro lado de la línea.
-Lo siento. No he podido resistirlo. Tienes a todo Honoria pendiente de ti. ¿Es cierto que estás saliendo con el rico y famosos Pedro Alfonso?
-He estado viendo a un hombre que conocí como Pedro -contestó Paula cándidamente, sintiéndose libre por primera vez para mostrarse abierta-. Si hubiera sabido cuando lo conocí que se trataba del rico y famoso Pedro Alfonso, tal vez habría salido corriendo en dirección opuesta.
-¿Cómo es?
-Guapo. Divertido. Encantador. Romántico. Un poco consentido y acostumbrado a conseguir lo que quiere.
-Parece un tipo fabuloso.
-Lo es.
-Entonces, ¿a qué viene ese tono de preocupación?
-¿Tú qué crees? -preguntó Paula en tono irónico.
-A que Pedro Alfonso es el rico y famoso -repitió Emily.
-Exacto.
-¿Y qué sucede? ¿No te crees lo suficientemente buena para él?
-No es eso -aseguró Paula-. Pero lo cierto es que tenemos muy poco en común. He vivido toda mi vida en pequeños pueblos del sur. He pasado trece años trabajando y criando a mis hijos. No sabría cómo comportarme en una fiesta de Hollywood, y no estoy especialmente interesada en aprender.
-¿Quieres decir que estarías satisfecha con pasar el resto de tu vida en Campbellville, sin hacer nada excitante o aventurado?
La inquietud del tono de Emily era algo que Paula nunca había escuchado. No recordaba haberla percibido la última vez que se vieron, tras el funeral del padre de Emily.
-¿Sucede algo malo, Emily?
-No -contestó su prima con demasiada rapidez-. Estoy bien. Lo único que sucede es que creo que no deberías pasar de lo que podría ser una magnífica oportunidad sólo porque apenas hayas salido de Georgia. No creo que la vida en un pequeño pueblo haya sido especialmente buena para ninguna de nosotras.
Probablemente, Emily era la que más había sufrido a causa de los escándalos en Honoria. Su madre, la segunda esposa de su padre, huyó con el hijo casado de una prominente familia cuando ella apenas era una cría. Quince años después, cuando apenas había pasado un mes desde que Paula, Tara y Emily enterraran sus “cápsulas del tiempo”, Lucas, el adorado hermanastro mayor de Emily, dejó el pueblo bajo la sospecha de asesinato. Nunca hubo evidencia suficiente para llevarlo ajuicio, pero fue acusado y juzgado en las peluquerías y cuartos de estar de todo Honoria. Irse como lo hizo, sin dar explicaciones, sólo sirvió para empeorar las cosas.
A pesar de la firme creencia de Emily en su inocencia, Lucas Chaves era recordado en Honoria como un asesino que se había librado de pagar su crimen.
El embarazo de Paula no fue ninguna sorpresa para los habitantes de Honoria, pues tenía reputación de fresca y lanzada, una reputación que se acrecentó cuando la mitad del equipo de fútbol americano aseguró haberse acostado con ella. Pocos la creyeron cuando aseguró que sólo había estado con un chico, Vince Hankins. Después de todo, él era un Hankins y ella una Chaves.
-No puedes culpar a todos por los feos rumores diseminados por algunos -dijo Paula-. En conjunto, me gusta vivir en una pequeña población. Es un lugar seguro para criar a mis hijos, y en caso de una emergencia sé que hay gente con la que puedo contar.
-A mí no me importaría probar algo nuevo para variar -dijo Emily-. Y puede que algún día lo haga.
No hablaron mucho más. Emily animó a su prima a seguir los dictados de su corazón y a no preocuparse por lo que pudieran decir sus vecinos. Paula sugirió a Emily que siguiera su propio consejo.
Sin saber muy bien cómo, Paula se encontró pocos minutos después sacando su “cápsula del tiempo” de lo alto del armario de su habitación. Volvió a sentarse en la cama y abrió el sobre con la carta que prefirió no leer cuando ella y sus primas desenterraron las cajas.
Le sorprendió ver la delicada y florida letra con que estaba escrita, la tinta violeta que utilizó, desteñida por el paso del tiempo.
Con arrogante inocencia, describía en la carta cómo preveía que sería su futuro. La fama. Los admiradores. Las fotografías en todas las revistas de moda. Los papeles de protagonista en las películas.
El dinero.
Dejó la carta a un lado, asqueada.
La joven y materialista Paula se habría sentido encantada ante la perspectiva de tener una aventura con “el rico y famoso Pedro Alfonso”. Habría encontrado su dinero tan atractivo como a él mismo.
Sin embargo, no era ninguna de esas cosas de las que se había enamorado la Paula adulta.
Se había enamorado de un hombre al que le gustaban las flores, la luz de la luna y la música romántica. Un hombre que era encantador con sus hijos, que le había hecho el amor con ternura y generosidad.
Pero nunca lo había visto en su otro mundo, pensó, decepcionada. Tendría amigos, familia, un hogar, un trabajo... toda una vida sin ella. Ese Pedro Alfonso era un desconocido para ella. ¿Cómo iba a saber si podía amarlo tanto como a Pedro?
Volvió a dejar la caja en su armario mientras un viejo refrán sonaba en su mente.
“Ten cuidado con lo que deseas, porque podrías conseguirlo”.



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