miércoles, 18 de febrero de 2015

Capitulo 2 -Conquistandote-

Pedro hizo dar un giro a Paula, provocando involuntariamente que sus senos le rozaran el pecho. Se contrajo y puso un poco más de distancia entre ellos. No había duda de que aquella mujer lo excitaba, reconoció, sorprendido por lo rápida y poderosa que había sido aquella atracción. Desde el momento en que la vio por primera vez supo que tenía que conocerla, a pesar de que se había tomado aquellas impulsivas vacaciones para estar solo. No estaba buscando a Paula... pero se alegraba de haberla encontrado.
No tenía intención de dejarla ir hasta después de haber explorado con más detenimiento las sensaciones que despertaba en el.

Los pasos de baile de Pedro se fueron complicando según se iban sintiendo más cómodos el uno con el otro. Paula se concentraba en seguirlo, cosa que no resultaba difícil, ya que era evidente que Pedro bailaba muy bien.
-Eres mejor en esto que yo -admitió, sonriéndole.
Él le devolvió la sonrisa.
-Sujétate fuerte -dijo, en tono sugerente-. Tenemos toda la noche para practicar.
La orquesta empezó a tocar un tema especialmente lento. Pedro deslizó ambas manos en torno a la cintura de Paula, de manera que ella sólo pudo rodearlo con las suyas por el cuello.
-Hmm... -murmuró, apoyando la mejilla contra su hombro-. Me gusta esta pieza.
Pedro giró y ella lo siguió sin esfuerzo.
-I Have Dreamed -susurró él contra su oído-. Es una de las favoritas de mis padres. Les encanta bailar.
Su voz se suavizó al hablar de sus padres, y Paula se sintió aún más atraída hacia él por ello. Se preguntó melancólicamente si sus padres habrían bailado alguna vez a la luz de la luna. No podía imaginar a su estricta y reprimida madre indulgiendo en algo tan romántico.
Decidió dejar de pensar en su madre en esos momentos.
Las escasas parejas que quedaban en la pista de baile estaban muy silenciosas, moviéndose soñadoramente al ritmo de la música.
-Media noche -dijo Pedro, echando una mirada a su reloj mientras los músicos empezaban a abandonar el estrado y los camareros a recoger las mesas. Las otras parejas ya se encaminaban hacia sus acogedoras cabañas.
Paula reprimió un suspiro. El tiempo había pasado demasiado rápido, pensó con pesar.
Apartó un mechón de pelo de su frente y sonrió a Pedro.
-Ha sido una tarde encantadora -dijo-. Gracias por haber hecho que fuera tan especial.
-Te acompaño a tu habitación -ofreció Pedro de inmediato.
Paula se mordió el labio. No quería que aquella noche casi perfecta acabará en una incómoda despedida frente a su puerta. Si Pedro esperaba pasar el resto de la noche bailando entre sus sábanas, tendría que decepcionarlo. Por muy atractivo que fuera, no se sentía capaz de acostarse con un desconocido al que sólo conocía desde hacía unas horas.
Él pareció leer su expresión.
-No espero que me invites a pasar -dijo-. Sólo pretendía acompañarte hasta la puerta.
Aunque Paula se había sentido perfectamente segura desde su llegada a aquel exclusivo lugar de vacaciones, no se molestó en discutir. Se limitó a asentir, decidiendo confiar en que Pedro siguiera siendo el caballero que había sido hasta ese momento.
Él le tomó la mano derecha, la colocó bajo su codo izquierdo y luego empezó a caminar hacia las cabañas.
La ligera brisa que soplaba estaba cargada de exóticas fragancias, recordando a Paula lo lejos que estaba de su hogar. Qué libre era para disfrutar de aquel romántico interludio.
Ahora se alegraba de haberse atrevido a ser irresponsable e impulsiva por primera vez en mucho tiempo. Necesitaba aquellas vacaciones.
-¿Te veré mañana? -preguntó Pedro cuando llegaron a la puerta de la cabaña.
Ella se humedeció los labios, preguntándose cómo debía contestar. Tal vez no fuera prudente, pero quería pasar más tiempo con Pedro. Su parte aventurera la impulsaba a aprovechar cada momento que pudiera estar con el. ¿Quién sabía cuándo volvería a tener una oportunidad como aquélla?
-Me gustaría -dijo, luchando contra la timidez.
-Desayuna conmigo.
De nuevo, las palabras de Pedro sonaron más como una orden que como una petición.
-Por favor -añadió, con una de sus peligrosas sonrisas.
Paula se mordió el labio inferior. No estaba buscando un romance de vacaciones. Y cualquier cosa más seria estaba fuera de cuestión.
De todos modos, ¿qué mal podían hacer unas horas más?
Alzando la barbilla en un gesto casi desafiante, dijo:
-De acuerdo. ¿A qué hora quieres que nos veamos?
La sonrisa de Pedro se acentuó.
-¿A las ocho y media? -sugirió-. Pasaré a recogerte.
Paula asintió.
-De acuerdo. A las ocho y media.
-Podemos ir a la playa después de desayunar -añadió Pedro, tentando la suerte.
Paula murmuró algo evasivo, decidiendo esperar al día siguiente para ver qué le deparaba. Moviéndose lentamente, Pedro se inclinó hacia ella.
-Buenas noches, Paula -murmuró, acariciándola con su cálido aliento.
-Buenas noches -susurró ella, sin apenas atreverse a respirar.
Pedro la besó con ligereza, sin más intención aparente que la de mostrarse amistoso. Pero algo cambió en cuanto sus labios se encontraron. Lo que había comenzado como una inocua caricia se transformó en un profundo e íntimo abrazo.
Era la primera vez en su vida que un beso hacía que Paula se sintiera como si acabara de golpearla un rayo. La poderosa descarga la recorrió desde los labios hasta la punta de los pies. Crepitó bajo su piel, haciendo romper en llamas el calor que se había ido acumulando en su interior desde el primer baile. El deseo estalló en su interior.
Para cuando Pedro alzó la cabeza y se apartó, Paula era incapaz de hablar. Sólo pudo mirarlo, anonadada por lo que acababa de pasar entre ellos. Los ojos de Pedro brillaban, y su respiración no parecía muy regular. No era ella la única afectada por el beso, pensó, aturdida.
Se dio cuenta de que, a pesar de que Pedro sólo la había tocado con sus labios, todo el cuerpo le cosquilleaba como si hubiera deslizado sus manos por cada centímetro cuadrado de su cuerpo.
No podía manejar la situación, pensó, asustada. No tenía la suficiente experiencia como para controlarse con aquel hombre. Sería muy fácil perderse con él, y se negaba a que otro varón encantador y seductor destrozara la auto estima que tantos esfuerzos le había costado recuperar.
Como si hubiera leído sus dudas, Pedro dijo con rapidez:
-Entonces, hasta mañana a las ocho y media. Pasaré a recogerte.
Se fue antes de que Paula recuperara la voz para decir algo.
En cuanto entró en la cabaña, se apoyó de espaldas contra la puerta.
-Oh, Dios mío -murmuró, abanicándose el ardiente rostro con la mano-. Menuda tarde...
Y volvería a verlo al día siguiente.

Para la hora a la que Pedro iba a pasar a recogerla, Paula se había convencido de que la tarde anterior había reaccionado exageradamente. El champán, las estrellas, la música y el baile se le habían subido a la cabeza.
Ningún hombre podía ser tan increíble cómo Pedro le había parecido la noche anterior. Los caballeros piratas sólo eran fantasías, y haría bien recordándolo.
Se había puesto unos vaqueros cortos y una camiseta a rayas blancas y rojas sobre su bañador azul. Calzaba unas sandalias y llevaba el pelo sujeto en una cola de caballo. Mirándose en el espejo vio ecos de la chica que fue quince años atrás, cuando ella y sus primas enterraron aquellas tontas cajas, en la época en que miraba con optimismo cada día, esperando las aventuras que pudiera depararle.
Alzó la barbilla y asintió mientras aquel sentimiento surgía de nuevo en su interior tras mucho tiempo. Pensaba disfrutar de cada minuto que estuviera con Pedro. Hacerlo no tenía por qué implicar ningún desastre.
Alguien llamó a la puerta y la mente de Paula se llenó de inmediato con los recuerdos del increíble beso de la noche anterior. Sintió que las mejillas le ardían y que su respiración se aceleraba.
Movió la cabeza, disgustada. Ya estaba haciendo otra vez el tonto. Pedro era sólo un hombre. ¿No acababa de decirse que no había diferencia entre él y otros hombres atractivos?
Abrió la puerta de la cabaña tan bruscamente que Pedro sonrió con cierta extrañeza al verla. Tenía un aspecto magnífico con su camiseta roja, blanca y azul y los pantalones cortos de color azul marino, que mostraban unas largas, fuertes y morenas piernas. -Buenos días -dijo, con su profunda voz, a la vez que dedicaba a Paula una de sus peligrosas sonrisas.
“Así que un hombre más, ¿no?”, pensó ella con ironía.
-Buenos días -contestó.
“Ten mucho cuidado, Paula”, dijo su vieja y familiar voz de precaución, mientras la nueva, la vocecita mala, susurraba, “Adelante”.
Ignorando ambas, Paula dedicó una brillante sonrisa a Pedro y salió de la cabaña.
-¿Estás listo? -preguntó.
Pedro alzó una mano y deslizó la punta de un dedo por su mejilla. La caricia fue muy ligera, pero bastó para encender de nuevo la llama que latía dentro de ella.
-Estoy más que listo -aseguró el con voz ronca.
“Oh, Paula”, pensó ella para sí. “Vas derecha a la boca del lobo”.

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Aca les dejo 2 caps! Espero que les gusten y que comenten, se puede comentar como anonimo!! Tw @Floor_PauChaves

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