viernes, 27 de febrero de 2015

Capitulo 23 -Conquistandote-

-Te deseo -dijo, con voz ronca-. Te deseo tanto...
Paula estaba a punto de arrancarle la camisa y tomarlo allí mismo, en el coche. Con la respiración entrecortada, susurró:
-Será mejor que vaya dentro. Tengo que comprobar cómo está Miranda.
-Lo sé -Pedro hizo un visible esfuerzo por mostrarse comprensivo.
-Buenas noches, Pedro.
-Hasta mañana.
Mañana. Aquella palabra se había vuelto importante para ellos. Tal vez porque cada vez que se separaban era con la certeza de que se verían al día siguiente.
Mientras entraba en la casa no pudo evitar preguntarse durante cuánto tiempo tendrían aquella seguridad. Ernestine ya estaba en su habitación con la luz apagada cuando Paula pasó junto a la puerta. Sintió la tentación de llamar para tener una conversación de corazón a corazón con ella sobre PEdro, pero decidió esperar. Aún no estaba preparada para mantenerla.
Pasó por la habitación de Michael para darle las buenas noches y luego fue a la de su hija.
Miranda ya estaba en la cama, con la cabeza casi cubierta por las sábanas.
-¿Estás segura de que no te pasa nada, corazón? -preguntó Paula con delicadeza-. Has estado tan callada desde la cena...
-Sólo estoy cansada, mamá. Buenas noches.
-Te quiero, Miranda.
-Yo también te quiero, mamá.
Paula fue a su dormitorio y allí se frotó las sienes. Se sentía como si tuviera un tornado en el interior de la cabeza. Sus sentimientos hacia Pedro se mezclaban con la preocupación por los cambios que éstos pudieran implicar en la vida de su familia, y el conflicto la estaba desgarrando.

En cuanto abrió la puerta a Pedro al día siguiente, Paula supo que algo iba mal. Lo supo por la apenada expresión de su rostro.
-¿Qué sucede? -preguntó, preocupada.
Pedro le dedicó una sonrisa y la besó con ligereza en los labios.
-¿Lo ves? Ya empiezas a conocerme bastante bien.
-Lo suficiente como para saber que hay algo que no quieres decirme -Paula lo precedió al cuarto de estar y luego se volvió hacia él.
-Tengo que volver a Los Ángeles.
Paula sintió que algo se hundía en su interior.
-¿Cuándo?
-Hoy. Esta tarde. Mi vuelo sale de Atlanta dentro de hora y media, lo que apenas me da tiempo para irme antes de despedirme de todos.
No estaría allí para el partido, pensó Paula. Michael se sentiría tan decepcionado...
Más tarde se enfrentaría a su propia decepción.
-Es un asunto de trabajo -explicó Pedro-. Un problema surgido en el último momento con el nuevo contrato. He tratado de convencer a mi agente para que se ocupara del asunto sin mí, pero piensa que debo estar presente en las negociaciones.
-Comprendo -aseguró Paula-. Ve a ocuparte de tus asuntos, Pedro.
-¿Están los chicos aquí? Quiero explicárselo a Michael.
-Michael ya ha ido al parque. El entrenador quería que el equipo se reuniera una hora antes.
Pedro asintió, con evidente pesar.
-No dejes de decirle que las circunstancias me han obligado a irme.
-Se lo diré.
-¿Y Miranda? ¿Está en casa?
-Está en la cocina, con su abuela.
Pedro miró hacia el pasillo que llevaba a la cocina.
-¿Se siente mejor?
-Sí. Fuera lo que fuese lo que le preocupaba, parece haberlo dejado atrás. Lleva toda la mañana charlando como una cotorra.
Aprovechando su momentánea intimidad, Pedro abrazó a Paula y la besó.
-No quiero volver a irme tan pronto -murmuró.
-Yo no quiero que te vayas -admitió Paula-. Pero lo comprendo.
-Ven conmigo, Paula. Podemos estar de vuelta el lunes.
-No puedo, Pedro.
-Piénsalo. Podríamos irnos ahora y...
-¿Iros? -Ernestine habló secamente desde la entrada del cuarto de estar. Miranda estaba tras ella-. ¿A dónde vais?
-Pedro ha recibido una llamada de Los Ángeles y tiene que irse -explicó Paula-. Yo no voy a ningún sitio, excepto al partido de Michael esta tarde.
-¿Tienes que irte, Pedro? -preguntó Miranda, desolada.
-Volveré en cuanto pueda -aseguró él.
Miranda no pareció consolada.
-¿Lo prometes? -preguntó, en un tono lo suficientemente intenso como para que su madre la mirara con preocupación.
-Lo prometo, Miranda.
La niña se acercó a él y lo rodeó por la cintura con los brazos.
-Te echaremos de menos.
Pedro pareció momentáneamente sorprendido, pero enseguida devolvió el abrazo a Miranda.
-No te librarás de mí tan fácilmente -dijo-. Volveré. Y puede que antes de que terminen las vacaciones tu madre pueda librarse unos días de su trabajo para que vayamos todos a Los Ángeles.
-¿De verdad? ¡Eso sería fantástico! -gritó la niña.
-Dudo que tu madre vaya a llevarte a Los Ángeles, Miranda -dijo Ernestine-. No es un lugar adecuado para los niños. Drogas, bandas callejeras... eso es lo que se puede encontrar allí.
-Pero, abuela...
-Es cierto que existe todo eso en Los Ángeles -reconoció Pedro, con más cortesía de la que según Paula se habría merecido su madre-. Pero también hay muchos sitios agradables.
-Disneylandia está allí -dijo Miranda.
Pedro sonrió y asintió.
-Está en Anaheim. Muy cerca de donde vivo.
-¡Guau!
Ernestine se volvió y salió del cuarto de estar.
Pedro suspiró.
-Un auténtico reto -murmuró-. Iba a sugerir que ella también podía venir. Tengo la sensación de que me habría arrojado la invitación a la cara.
-No te preocupes ahora por ella -dijo Paula-. Yo me ocuparé.
Pedro asintió.
-Tengo que irme.
Paula se mordió el labio inferior y asintió. Así iban a ser las cosas, se dijo con tristeza. Habría muchas despedidas en su futuro con Pedro, durara lo que durara. Y, probablemente, unas cuantas decepciones. Pedro tenía una vida muy ajetreaba y a mucha distancia de Campbellville.
Sería un milagro que pudieran verse más de una vez al mes.
¿Sobrevivirían los sentimientos que con tanta rapidez se habían desarrollado entre ellos a separaciones tan largas?
Pedro apoyó las manos en sus hombros y la miró con el ceño fruncido.
-Déjalo ya, Paula.
-¿Que deje qué? -preguntó ella, manteniendo una expresión neutral.
-Ya estás pesimisteando otra vez. No lo hagas.
Paula logró sonreír.
-“¿Pesimisteando?” ¿Es eso una palabra?
-Si no lo es, debería serlo. Describe perfectamente lo que estabas haciendo ahora mismo. Y no quiero que lo hagas, ¿de acuerdo?
Paula notó que sólo hablaba a medias en broma.
-En ese caso, trataré de “optimistear”.
Pedro sonrió.
-Eso suena mucho mejor.
Y entonces la besó.
-Te llamaré esta noche, si puedo... -dijo, cuando finalmente se apartó-. Dile a Michael...
-Se lo diré. Ahora, vete antes de que pierdas el avión.
Pedro echó una última mirada a Paula, dedicó una sonrisa a Miranda y se fue.
Con los ojos fijos en la puerta, Miranda se apoyó contra el costado de su madre con expresión sombría.
Paula le pasó un brazo por la cintura.
-Volverá.
-Sí, claro -dijo Miranda, esforzándose por sonar positiva-. Lo ha prometido.
Paula asintió y besó a su hija en la mejilla. No consideró oportuno decirle que las promesas, como los corazones, a veces se rompían.

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Aca les dejo los 3 capitulos! Espero que les gusten y que comenten! 
Dedicados a @SilvinaAraceliR
Despues de que vuelva de las vacaciones voy a empezar esta nove http://unaaventuradeamorpyp.blogspot.com.ar/ que es la historia de una de las primas y cambian los personajes! Espero que se copen! Y mañana si encuentro wifi en en donde voy subo el final de esta nove!

3 comentarios:

  1. Cada vez + hermosa esta novela. Ojalá encuentres wifi así subís los caps finales. Gracias x la dedicatoria. Espero la próxima nove Flor

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  2. Florrr ahh q buenos cap ojala encuentres Wiffi jajajajaja y me prendo en la próxima novela

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  3. Ojalá puedas subir el final!! Y obvio q me anoto para la próxima! ! mimiroxb

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