miércoles, 25 de febrero de 2015

Capitulo 16 -Conquistandote-

Hacía una noche cálida y soplaba una ligera brisa. El monótono canto de los grillos era ocasionalmente interrumpido por el ladrido de un perro o el ruido de un coche al pasar.
Paula cerró la puerta de la casa y se apoyó contra ella.
Pedro miró un momento a su alrededor y luego se volvió hacia ella con una sonrisa, apoyando una mano a su lado sobre la puerta.
-¿Te has fijado en que hemos pasado mucho tiempo juntos fuera esta noche?
Paula era muy consciente de la mano de Pedro, a escasos centímetros de su hombro.
-No hemos pasado mucho tiempo juntos -corrigió.
Pedro alzó la otra mano y le acarició la mejilla.
-Siempre obsesionada con los detalles -murmuró.
Se estaba burlando de ella. Paula tuvo que esforzarse por sonreír.
-Soy supervisora oficial. Los detalles son mi vida.
Pedro deslizó los dedos por su barbilla.
-¿Eres supervisora oficial? No lo sabía.
Paula tragó con esfuerzo.
-Yo... trabajo para una empresa constructora local. Llevo con ellos diez años.
-Fascinante -Pedro se inclinó y acarició con sus labios la frente de Paula.
Ella cerró los ojos, cosa que sólo sirvió para hacerle sentirse más consciente de la cercanía y calidez de Pedro.
-Yo... -su voz se apagó. No podía recordar con exactitud de qué estaban hablando.
-¿Cuántos años tienes, Paula?
-Er... treinta -le llevó unos momentos recordarlo.
Pedro le besó la punta de la nariz.
-Eras muy joven cuando tuviste a tus hijos.
-Tenía diecisiete años.
-¿Aún estabas en el colegio?
Paula asintió.
La mano exploradora de Pedro había encontrado el escote de su camiseta. Deslizó el dedo por éste, rozando apenas la parte superior de los senos de Paula. Ella sintió cómo se endurecían sus pezones en respuesta.
Abrió los ojos. Como si sólo hubiera estado esperando a que lo mirara, Pedro bajó la cabeza y la besó sin darle tiempo a prepararse. Por un instante, Paula se puso rígida, pero se relajó enseguida cuando la primera oleada de placer recorrió su cuerpo.
Instintivamente, rodeó el cuello de Pedro con sus brazos a la vez que se apretaba contra él. Era como si su cuerpo tomara las decisiones por su cuenta.
Oyó un gemido resonando en el pecho de Pedro y sintió que la estrechaba con fuerza.
-Llevo horas deseando hacer esto -murmuró Pedro contra sus labios, y volvió a besarla antes de que Paula tuviera oportunidad de decirle que a ella le sucedía lo mismo.
Pedro deslizó sus manos por su espalda hasta la cadera, presionándola contra su abdomen. A Paula no le quedó ninguna duda de que la deseaba. Intensamente.
Tampoco había duda de que la atracción que existía entre ellos era muy fuerte.
Pero no sabía qué iba a hacer al respecto.
El abrazo podría haberse prolongado para siempre a no ser por el bocinazo de un camión que pasó frente a la casa.
Paula se apartó de Pedro, repentinamente consciente de que estaban en el porche delantero de la casa, donde todo el mundo podía verlos. Casi pudo sentir los ojos que los espiaban tras las cortinas de las casas cercanas.
-Será mejor que te vayas -dijo, apartándose con cierta brusquedad.
Pedro asintió.
-Seguiremos con esto más tarde -dijo.
Paula no estaba segura de si sus palabras eran una amenaza o una promesa.
Se volvió y abrió la puerta. Con cobarde precipitación, entró y dejó a Pedro fuera. Incluso mientras lo hacía supo que la escapada era sólo temporal.
Pedro, y sus dudas respecto a lo que hacer con él, volverían al día siguiente.

Fuera lo que fuese lo que Pedro le dijo a Michael durante las dos horas que pasó con él al día siguiente por la tarde, hizo maravillas con la autoestima del muchacho, al menos en lo concerniente al béisbol.
En cuanto entró en casa, Michael quiso ponerse a llamar a sus amigos para contarles que Pedro Alfonso le había estado dando unos consejos para jugar al béisbol. No le gustó que Paula le recordara que su castigo incluía no poder llamar por teléfono.
Miranda, que había pasado la última media hora practicando una pieza de piano bastante difícil, estaba claramente envidiosa de la atención que su hermano había recibido de Pedro. Cuando éste le pidió que tocara para él, se quedó encantada, y cuando alabó su forma de tocar, casi se le cae la baba. Pedro incluso se sentó al piano junto a ella y le ayudó con el pasaje que le estaba dando problemas.
A Paula no le sorprendió que Pedro tocara el piano tan bien; empezaba a pensar que no había nada que no pudiera hacer.
Los mellizos ya estaban convencidos de ello.
En cuanto a Ernestine, parecía estar haciendo todo lo posible para evitar a Pedro. Incluso cuando lo invitó a cenar, obedeciendo las hospitalarias costumbres sureñas, lo hizo con poco entusiasmo. Pedro aceptó y durante la comida trató de conquistar a Ernestine como lo había hecho con el resto de la familia Chaves. Pero no tuvo mucho éxito. Ernestine se mostró educada, pero nada más.
Tal vez debido a la frialdad de Ernestine, Pedro no se quedó mucho rato después de la cena. Una vez más, Paula lo acompañó fuera para despedirse.
-Creo que a tus hijos les gusto, pero me da la sensación de que tu madre preferiría que me esfumara -dijo Pedro cuando estuvieron a solas.
-Mis hijos están locos por ti. Mi madre... bueno, no es precisamente una mujer fácil de entender -admitió Paula.
Pedro asintió y luego apoyó las manos sobre los hombros de Paula. Ella se puso tensa, recordando el beso de la noche anterior, que estuvo a punto de hacerle perder la cabeza. No podía volver a hacerlo esa noche. Era demasiado consciente de los imaginarios ojos que los observaban.
Pero todo lo que dijo Pedro fue:
-Quiero pasar algún tiempo a solas contigo. Tenemos que hablar.
-¿Sobre qué? -preguntó Paula con cautela.
-Sobre todo -contestó él con sencillez-. Quiero saberlo todo sobre ti. Y puede que tu quieras saber algunas cosas sobre mí.
Desde luego, Paula quería saber algunas cosas sobre Pedro. Pero no estaba segura de tener el valor para hacerle las preguntas que la acuciaban.
-¿Cenarás conmigo mañana por la noche? ¿Sólo nosotros dos?
Paula se humedeció los labios.
-Sí.
Pedro asintió, satisfecho. La besó suavemente en los labios y se apartó con rapidez, como haciendo un esfuerzo por evitar la tentación.
-Entonces, hasta mañana.
El corazón de Paula latía con fuerza cuando volvió a entrar en su casa. Al día siguiente se vería a solas con Pedro. Y no estaba segura de poder mantener las barreras emocionales que tanto se estaba esforzando en construir entré ellos.

Cuando Pedro fue a recoger a Paula el domingo por la tarde, ésta estaba más predispuesta para alejarse de su familia. Por mucho que los quisiera, había ocasiones que la ponían muy nerviosa. Ese día había sido uno de esas ocasiones.
Los mellizos habían estado hiperactivos toda la tarde. Ambos habían demostrado su decepción y envidia por el hecho de que Paula fuera a cenar con Pedro sin contar con ellos.
Paula volvió a sentirse preocupada ante la idea de que sus hijos se estuvieran acostumbrando excesivamente a contar con Pedro en sus vidas. Le asustaba mucho que sufrieran cuando se marchara, cosa que sucedería antes o después.
Y si Pedro no lo había imaginado ya, iba a tener que pasarse la noche convenciéndolo de que primero era, una madre y en segundo lugar una mujer soltera. No podía permitirse un comportamiento que repercutiera negativamente en sus hijos. Ya era hora de que dejara eso bien claro.
En lugar de invitar a Pedro a que pasara, salió y cerró la puerta a sus espaldas con una culpable sensación de alivio.
-Estás preciosa -dijo Pedro, admirando su vestido rojo sin mangas. Impulsivamente, Paula se había puesto en el hombro izquierdo el broche de la flor que Pedro le había regalado.
-Gracias -dijo sin molestarse en comentar que él tenía un aspecto fabuloso con sus pantalones negros y su camisa gris. Supuso que no hacía falta decirlo. Pedro estaba bien se pusiera lo que se pusiera.
No quería ni pensar en lo bien que estaría sin nada de ropa... al menos, sí quería mantener una conversación coherente.
Pedro esperó hasta que estuvieron en el coche para preguntar:
-¿Qué sucede, Paula?
Ella trató de mantener una expresión neutra.
-Nada, ¿por qué?
-Pareces tensa.
-Estoy perfectamente.
Aunque Pedro no quedó convencido con su respuesta, lo dejó correr.
-Michael y yo lo pasamos muy bien ayer -dijo, cambiando de tema mientras se alejaban del vecindario.
-Sí. No ha parado de hablar de ello desde ayer. Al parecer, has logrado que se sienta mucho mejor con los lanzamientos.
-No es malo. Lo que sucede es que no ha tenido ningún entrenamiento.
Paula se encogió de hombros.
-El entrenador tiende a concentrarse en los chicos con más habilidad natural. Su propio hijo pareció nacer sabiendo cómo lanzar. Para Michael no resulta tan fácil.
Vince Hankins ni siquiera había dado a su hijo su habilidad atlética, pensó Paula, con un resto de la vieja amargura.
Pero no quería pensar en el pasado. Y tampoco quería hablar de su familia. Miró por la ventanilla.
-¿A dónde vamos?
-Es una sorpresa.
Viajaron durante una media hora sin hablar, cada uno concentrado en sus pensamientos, simulando escuchar la suave música de la radio. Cuando Pedro giró con el coche hacia una carretera comarcal que llevaba al lago Sidney Lanier, Paula supuso que iban a un restaurante especializado en pescado. Pero Pedro condujo hacia una oculta cabaña que se hallaba al final de un cimbreante sendero. Las ventanas estaban iluminadas, dándole un ambiente acogedor desde el exterior.
-¿Aquí es donde vamos a cenar? -preguntó Paula, un poco nerviosa.
Pedro aparcó el coche y asintió.
-Si te parece bien -dijo-. La comida nos espera en el interior. Cenar aquí nos dará la oportunidad de estar solos, sin interrupciones.
Paula se mordió el labio inferior. Aunque le atraía la idea de no tener que preocuparse por quines pudieran verlos, no sabía si se encontraba preparada para estar tan a solas con Pedro.
-Relájate -dijo él, tocándole la mano-. Prometo no pedirte más de lo que quieras darme. A estas alturas ya sabes que puedes confiar en mí.
Paula pensó que de quien no se fiaba era de sí misma.
Pero no podía decirle eso. Asintiendo, abrió la puerta del coche. Decidió tomarse las cosas con calma, según fueran llegando. Y trataría de tener los pies firmemente plantados en tierra.

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Aca les dejo los 2 capitulos! Espero que comenten! Porfavor!  
Desde el viernes de esta semana hasta el jueves de la proxima, no subo porque me voy de vacaciones! 
Comenten porfasss!! Tw @Floor_PauChaves

3 comentarios:

  1. Geniales los 2 caps. No nos hagas esto Flor x favor, cómo nos vas a dejar 7 días sin novela nena??? Te propongo que subas 14 caps para compensar los 2 x día durante los días q te vas de vacaciones. Pensá en mi edad nena, me agarran los ataque de ansiedad.

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  2. Yo estoy igual q silvina!! La ansiedad es mi enemiga jajaja igual te deseo q disfrutes mucho tus vacaciones! mimiroxb

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  3. Felices vacaciones Florcita !! ...la verdad esta genial la novela :))

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