miércoles, 25 de febrero de 2015

Capitulo 17 -Conquistandote-

-¿Es aquí donde te alojas? -preguntó Paula mientras edro abría la puerta de la cabaña.
-Desde el viernes. Me quedé en un motel el jueves, pero no me gustó. El viernes por la mañana encontré este sitio. Es muy agradable.
La cabaña estaba rústicamente decorada, como Paula había imaginado, pero era evidente que el mobiliario había sido seleccionado por un profesional. Cómodos sofás y sillones, coloridas alfombras en el suelo de madera, atractivas piezas de arte, paredes de madera. Una puerta en la parte trasera del cuarto de estar daba a la cocina. Una escalera llevaba al único dormitorio. Paula se negó a mirar aquella escalera.
Había una mesa redonda rodeaba de cuatro sillas en la que no había ninguna evidencia de una cercana cena. Pedro condujo a Paula hasta unas puertas acristaladas que había tras la mesa.
Salieron y Pedro dio a un interruptor.
Y, al instante, Paula recordó que aquél era el hombre más romántico que había conocido.
Las puertas de cristal daban a un largo patio. De lo alto habían sido colgadas numerosas bombillas pequeñas que iluminaron las macetas llenas de flores y el mobiliario de hierro forjado del patio; una mesa redonda, cuatro sillas, un carrito para servir la comida y un par de largos bancos con cojines. Desde donde estaba, Paula tenía una maravillosa vista del lago bañado por la luz de la luna.
Pedro encendió enseguida las velas que flanqueaban el centro de flores de la mesa.
-Oh, Pedro -murmuró Paula, afectada por todos aquellos detalles. Aunque aquello fuera algo que Pedro hiciera a menudo para las mujeres con las que salía, nadie lo había hecho por ella nunca. Y le encantaba.
Pedro apretó otro botón y una suave y soñadora música instrumental empezó a sonar por unos altavoces invisibles.
Entonces se volvió hacia Paula.
-¿Y bien?
-Es precioso. Perfecto -ella lo miró sin ocultar su placer-. Gracias.
Pedro tomó su mano izquierda y se la llevó a los labios.
-De nada -permanecieron así un largo momento, rodeados por la música, las velas y las flores. Finalmente, Pedro apartó los labios de la mano de Paula-. Voy a por la cena. Enseguida vuelvo.
Paula asintió y Pedro entró en la cabaña, dejándola a solas disfrutando del bello entorno. Volvió al cabo del rato con una gran cesta de la que empezó a sacar platos de porcelana, copas y cubiertos de plata.
-He encargado todo esto a un restaurante local esta tarde -explicó-. Es una comida fría que he podido conservar en la nevera. No quería perder tiempo en la cocina.
-Me parece muy buena idea -dijo Paula.
Pedro sirvió con una habilidad que reveló su experiencia.
-En una época trabajé de camarero -explicó, cundo Paula alabó su habilidad-, cuando era un joven escritor que todavía no había publicado su primer libro. No se me daba mal.
Paula alzó una ceja.
-¿Hay algo que no se te de bien?
Pedro sonrió con simulado engreimiento.
-En este momento no se me ocurre nada.
Paula movió la cabeza, simulando exasperación.
-Debe ser agradable sentirse tan seguro de uno mismo.
Pedro rió y sirvió vino en dos copas.
La comida estaba deliciosa. Escucharon música y hablaron mientras comían.
Paula insistió en que Pedro le hablara de sí mismo. Le recordó que él sabía cada vez más sobre ella y que debían equilibrar la balanza.
Pedro se encogió de hombros.
-No soy muy interesante -aseguró.
-No es eso lo que dice la prensa y la televisión -replicó Paula en tono irónico.
-La fama es algo pasajero y de lo que uno no debe fiarse -dijo Pedro-. Cuando era nuevo en el negocio casi caí en la trampa de Hollywood de creerme mi propia prensa. Hace tres años, en mi treinta y un cumpleaños, mi padre mantuvo conmigo una larga charla y me dijo que me estaba volviendo detestable, y que más me valía tener bien presentes las cosas que realmente importaban en la vida. Si no, dijo, me quedaría sin nada cuando el hada de la fama eligiera al nuevo afortunado de la temporada.
Paula no pudo evitar reír.
-¿El hada de la fama?
-Así es como la llaman. Aquí hoy, mañana en otro lado. A veces es agradable y buena, otras malvada e incómoda. En parte gracias al consejo de mi padre, he aprendido a disfrutar de las buenas partes del éxito y a tratar de ignorar las malas. Como las revistas del corazón, por ejemplo.
-Tu padre parece un hombre inteligente.
-Es un gran tipo. Y mi madre también es una gran mujer. Siempre me han animado a ir tras lo que quería, insistiendo en que podía conseguirlo si me esforzaba en ello. Pero tampoco dejaban de repetirme que disfrutar de la vida y vivirla con honor y dignidad importaba más que el dinero. Trato de no olvidarlo nunca.
-¿Te gusta lo que haces?
-Me encanta -contestó Pedro con sencillez-. Siempre quise inventar historias. Entretener a la gente. Fue como si no tuviera elección... como si hubiera nacido para dedicarme a esto. Quería que mi trabajo fuera apreciado, por supuesto, pero nunca esperé todo esto. Me refiero a los programas de televisión, las revistas y lo demás -movió la cabeza con aparente perplejidad-. No sabía que el público decidiría que yo era tan interesante como mis libros. Casi todo se debe a que conseguí un buen editor, por supuesto. Desde que mi foto apareció en el embarazoso artículo Las Cincuenta Personas más Guapas del Año, todo fue sobre ruedas. Y supongo que no se me dan mal los programas de televisión. Me gusta hablar con la gente y hacerlos reír. Y aunque supongo que el interés que el público muestra por mí no durará siempre, espero que sigan disfrutando con mis libros.
-¿Nunca te has casado? -preguntó.
-No. Estuve a punto hace unos años, cuando empezaba a tener éxito. Salía con una modelo y me sentía increíblemente afortunado por haber conseguido atraer su atención. Pero ella sólo estaba interesada en la fama, las fiestas y la atención de los medios de comunicación. Entonces me di cuenta de que lo que quería era un matrimonio como el de mis padres, que se han mantenido unidos durante los malos y los buenos tiempos. Tienen una relación estupenda -tras rellenar las copas de vino, Pedro dijo-: Pero ya hemos hablado suficiente de mí. Ahora te toca a ti. ¿Por qué te llamó tu madre Paula?
-Mis padres pasaron allí la luna de miel y allí fui concebida. Mi madre pensó que era un nombre apropiado.
-¿Cómo era tu padre?
-Cariñoso. Divertido. Muy trabajador. Murió cuando yo tenía diez años.
-Lo siento.
-Yo también.
-Cuéntame cómo eras de joven. ¿Cómo llegaron a gustarte las viejas canciones y las viejas películas?
Con cierta dificultad al principio y con creciente fluidez después, Paula habló de sí misma. Pasó mucho tiempo con su abuela tras la muerte de su padre, y fue el amor de ésta por la música lo que le llevó a disfrutar de los viejos éxitos.
Pedro parecía fascinado con todo lo que Paula decía. Animada por su aparente interés, le habló de las largas horas que Ernestine pasó trabajando en un supermercado de Honoria para poder pagar los caros vestidos de su hija, las clases de baile y los gastos de vestuario que implicaba ser la jefa de animadoras. Para Ernestine siempre fue muy importante que Paula fuera popular. Buscó para ella la atención sobre la que el padre de Pedro había advertido a éste.
-¿Por qué era tan importante para ella?
-Mamá creció en una familia pobre y desunida que le dejó muchas cicatrices emocionales. Quería lo mejor para mí, pero no sabía con exactitud en qué consistía una infancia feliz. Medía la felicidad en términos de popularidad. Yo he aprendido que hay cosas mucho más importantes que ésa. He tratado de pasar ese conocimiento a mis hijos.
Siguió describiendo los años pasados en Campbeliville. Habló de su trabajo en la empresa constructora, de los pocos pero buenos amigos que había hecho allí, de las dificultades de criar a los mellizos, de cuánto se había esforzado en llevar una vida tranquila y normal, evitando en todo lo posible despertar la avidez del cotilleo local.
La expresión de Pedro era tan comprensiva que Paula no pudo evitar sentirse conmovida.
-Parece que sientes una fobia especial hacia el cotilleo -dijo, con suavidad-. ¿Habló mal de ti la gente cuando te quedaste embarazada?
Paula asintió.
-Honoria es muy parecido a Campbellville. Pequeño, cerrado, todo el mundo está informado sobre la vida y milagros de los demás. La gente habló mucho de mí cuando me quedé embarazada. Sobre todo cuando mi novio decidió negar su responsabilidad, diciendo que no podía estar seguro de ser el padre de mis hijos. No era cierto, pero tenía dinero y una prominente situación en el pueblo, y suficientes amigos dispuestos a mentir por él.
Pedro tomó una mano de Paula y la estrechó cariñosamente.
-¿No tenías ningún amigo dispuesto a defenderte?
-Mis primos me defendieron, pero no los tomaron en serio, porque los Chaves ya tenían fama de irresponsables. También trataron de defenderme un par de amigos, pero nadie les hizo caso -Paula se encogió de hombros--. La verdad es que había cierto interés general en verme caer. Yo había sido jefa de animadoras en el colegio y reina de fin de curso, y estaba muy mimada. Como te pasó a ti al principio, me creí mi propia publicidad. Me creía material de primera. Creía que siempre sería la favorita de todo el mundo. Algunos pensaron que merecía lo que me pasó.
Pedro sonrió cálidamente.
-Y supongo que, en parte, tú también lo pensabas.
-No, por supuesto que no -protestó Paula, aunque sin animarse a mirarlo a los ojos.
-Entonces, ¿por qué te trasladaste a Campbellville? ¿No es lo mismo una población pequeña que otra en lo referente al cotilleo?
-Mi madre tenía un primo dueño de una tienda aquí. Le ofreció un trabajo con el que pudo mantenernos hasta que terminé mis estudios y pude buscarme un empleo.
-¿Y cómo reaccionó la gente cuando llegaste aquí con dos bebés? ¿Murmuraron?
-Algunos sí -admitió Paula-. Otros no me dijeron nunca nada, pero probablemente especularon a mis espaldas. Pero la mayoría de la gente ha sido muy amable con nosotros.
Pedro asintió y Paula sintió de pronto la fuerza de la unión que se había desarrollado entre ellos en tan poco tiempo. Parecía tan real, tan sólida. El dolor sería muy fuerte cuando se rompiera.
El postre de chocolate estaba muy bueno. Paula olvidó cualquier preocupación respecto a las calorías y disfrutó de él con deleite. Pedro le rellenó la copa de vino varias veces, pero ella no protestó. Decidió que era una noche para la indulgencia.
Después de todo, ¿quién sabía cuántas más noches encantadas iban a poder disfrutar Pedro y ella?

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Otro capitulo, a esta hora.. arre.
Mañana subo 3! Espero que comenten! Porfas! 
Porque siento que la subo al pedo.. Y que nadie lee, y bueno.. eso.

3 comentarios:

  1. Estás muy equivocada Flor, lo leí y me encantó. Así que no subiste este cap al pedo jaja. Espero los 3 ó 4 de mañana.

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  2. Me encanta esta historia Flor, gracias por subir uno mas.... espero ansiosa los cap de mañana !!

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  3. Me gusta mucho esta pareja!! Gracias por la yapa genia!!! mimiroxb

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