martes, 24 de febrero de 2015

Capitulo 14 -Conquistandote-

-Ojalá pudiera prometerte que no habrá cotilleos, Paula. Pero los habrá. Es sólo una parte desagradable de la vida que tenemos que asumir... sobre todo de la mía. No estoy de acuerdo en que alguien que se hace famoso deba renunciar automáticamente a su derecho a la intimidad, pero parece ser que ésa es la forma en que funcionan las cosas. No me gusta, pero he aprendido a vivir con ello.
Paula se dijo que sólo era un partido de béisbol. El cotilleo tampoco podía sacar demasiada tajada de ello. Sobre todo teniendo en cuenta que Pedro había dicho que estaba allí para captar el ambiente de una pequeña y típica población del sur. ¿Qué mejor lugar para empezar que durante la celebración de un partido de béisbol en el parque?
Asintió.
-Entonces, nos vemos luego. ¿Por qué no te reúnes conmigo en el parque a las seis?
Pedro escuchó atentamente mientras Paula le explicaba dónde estaba el parque y luego se apartó para que entrara en el coche.
-Paula -dijo, mientras ella se disponía a arrancar-. Gracias por darme... por darnos... una oportunidad. No lo lamentarás.
-Espero que no, Pedro -murmuró ella, girando la llave en el contacto-. Espero sinceramente que no.

-¿Que Pedro Alfonso va a venir al partido? ¿Bromeas? -dijo Michael, con los ojos abiertos como platos.
-Puede que piense escribir un libro sobre terroristas del futuro apoderándose de una pequeña liga de béisbol, o algo parecido.
Michael giró los ojos, exasperado.
-Sí, claro. Estoy seguro de que eso es precisamente lo que piensa hacer.
-Podría ser -respondió Miranda, a la defensiva-. ¿Verdad, mamá?
-No tengo ni idea -replicó Paula-. Carezco de la imaginación de un escritor.
-No puedo creer que vaya a venir a verme -murmuró Michael, golpeando con su puño el guante de béisbol. La trayectoria de Michael en el béisbol no era estelar, pero amaba el juego con una pasión que Paula no llegaba a comprender.
-No va a verte a ti -dijo Miranda-. Va a captar el ambiente. Y tal vez... -añadió con gesto travieso-... a ver a mamá. Ayer vi cómo la miraba.
Paula se ruborizó.
Michael entrecerró los ojos con suspicacia.
-No estaréis saliendo, ni nada parecido, ¿no? -preguntó a su madre, con expresión de no poder decidir si lo aprobaba o no.
-Por supuesto que no están saliendo -espetó Ernestine, que había entrado en la cocina justo a tiempo de oír a su nieto-. Pedro Alfonso está aquí por asuntos de trabajo. ¿Por qué iba a interesarse por tu madre un hombre que sale con modelos y actrices?La expresión de Michael se aclaró.
-Sí, claro. Supongo que tienes razón.
Paula frunció el ceño.
-Muchas gracias, a los dos.
Michael pareció darse cuenta de que sus palabras no habían sido precisamente un piropo para su madre.
-No pretendía decir que no eres guapa, ni nada parecido. Es sólo que Pedro Alfonso sale con mujeres que son... de tipo glamoroso, ¿sabes? Tú... bueno, tu eres una madre.
Paula empezaba a sentirse más vieja por momentos.
-Será mejor que nos vayamos -dijo, mirando fijamente su reloj-. No olvides tu gorra.
-Un momento. Voy a por mi bolso -dijo Miranda.
Paula alzó una ceja.
-¿Vienes al partido?
Miranda odiaba el béisbol. Últimamente había afirmado con vehemencia que nunca volvería a aquel espectáculo “ruidoso para descerebrados”.
-Sí -contestó en tono desenfadado, sin mirar a su madre a los ojos-. Michael juega esta noche, y supongo que debemos ir las dos para darle apoyo moral, ¿no te parece?
Su hermano dio un bufido.
-¿Vas a venir con nosotros, mamá?
-Esta noche no, gracias. Estoy bastante cansada. No te importa que me pierda este partido, ¿verdad, Michael?
-No te preocupes, abuela. Tú descansa -contestó su nieto-. Aún no puedo creer que Pedro Alfonso vaya a estar allí. Espera a que se enteren los demás. Ernestine se volvió.
Paula sospechaba que su hijo acababa de herir involuntariamente los sentimientos de su abuela.
-¿Estás segura de que no quieres venir? -insistió-. Será divertido.
-Gracias, querida, pero tengo que escribir algunas cartas. Id vosotros tres y pasadlo bien.
Culpabilidad. Ernestine sabía manejarla tan bien..., pensó Paula.
Si Pedro podía causar aquel trastorno en su familia, ¿qué sucedería en el parque?

Paula averiguó muy pronto lo incómodo que podía resultar ser vista con una celebridad en Campbellville, Georgia. Todas las miradas se volvieron hacia ellos cuando entró en el campo con Pedro, que la estaba esperando cuando llegó.
Lo cierto era que no podía culparlos. Con aquel colorido jersey, los ceñidos vaqueros y su pelo moreno, probablemente era el hombre más atractivo que había pisado aquel parque.
-¿De verdad eres Pedro Alfonso? -preguntó un adolescente con vehemencia poco después de que se sentaran.
Pedro asintió.
-Sí, lo soy.
-Bien. ¿Y cómo es que mataste a Mick O'Malley en el último libro? Me gustaba mucho. ¿No podrías resucitarlo en el próximo?
-No puedo -dijo, finalmente, con gesto de disculpa-. Ya sabes que sus compañeros vieron el cadáver. Está muerto. Pero tengo algunos personajes nuevos que creo que te gustarán.
Más aplacado, el joven asintió.
Una mujer teñida de rubio, demasiado rellenita para los pantalones cortos y la ceñida camiseta que llevaba puesta, ocupó el asiento que había ante ellos.
-Hola, Paula -saludó, volviéndose.
-Hola, Treva.
El hijo de Treva jugaba en el mismo equipo que Michael, y, a pesar de su peculiar personalidad, a Paula le caía muy bien.
-¿Quién es tu guapo amigo? -preguntó Treva, mirando a Pedro con una sonrisa de oreja a oreja.
Como si no lo supiera.
Tratando de emular la paciencia demostrada por Pedro ante las tonterías que le decían algunas personas, Paula sonrió y dijo:
-Treva Blacklock, este es Pedro Alfonso.
Treva alargó una mano acabada en largas y puntiagudas uñas postizas pintadas de rojo brillante. Pedro no pudo evitar dudar un momento antes de estrecharla.
-¿No es tu Billy el que va a batear? -preguntó Paula, viendo que Treva parecía a punto de lanzarse al regazo de Pedro.
Distraída, Treva volvió el rostro hacia el campo de juego.
-¡Vamos, Billy! ¡Pégale fuerte! -gritó, utilizando las manos a modo de bocina.
-¿Qué te había dicho? -susurró Paula junto a Pedro-. La gente de aquí no está acostumbrada a tener famosos entre ellos.
Pedro sonrió.
-Estoy acostumbrado. Deja de inquietarte.
-No me...
La multitud se puso en pie, animando a Billy que había logrado el primer buen golpe del partido. Treva alzó el puño y gritó.
-¡Arriba, Billy! ¡Arriba, Billy! ¡Bien hecho, muchacho!
El grupo de animadoras del equipo empezó a bailar, dando sus consignas.
Pedro rió y gritó.
-¡Bravo, Billy!
Treva le dedicó una mirada de seductora aprobación por encima del hombro.
Paula suspiró. ¿Cómo podía parecer tan cómodo Pedro cuando debía ser obvio para todo el mundo que estaba fuera de lugar?
Durante el resto del partido, la atención del público estuvo dividida entre Pedro y la acción que tenía lugar en el campo.
Un reportero del equipo local quiso entrevistarlo. Pedro prometió llamarlo al día siguiente por la tarde para una entrevista telefónica, cosa que pareció satisfacer con creces al joven periodista, que tenía muy pocas oportunidades de entrevistar a alguien tan conocido.
Un hombre robusto con una gorra se detuvo junto a ellos, con las manos llenas de perritos y bebidas.
-Sólo quería decirte que me gustan mucho tus libros -dijo, dirigiéndose a Pedro.
-Gracias.
-Tuve que pasar una temporada en el hospital a causa de una fractura y mi esposa me llevó dos libros tuyos, a pesar de que no soy muy aficionado a la lectura. Gracias a ellos no me volví loco de aburrimiento. Ahora leo todos los que publicas.
-Me alegra que mis libros te sirvieran para algo. Ése es el motivo por el que los escribo, para entretener a la gente.
-Pues sigue escribiendo -dijo el hombre-. Yo seguiré comprando tus libros.
Se alejó antes de que Pedro pudiera responder.
-¿Lo conoces? -preguntó a Paula.
Ella negó con la cabeza.
-Creo que es el padre de Gary Raper -dijo Miranda.
-Averígualo para mí, por favor -dijo Pedro-. Me gustaría enviarle una copia de mi último libro.
Miranda asintió, evidentemente encantada con el encargo.
Algunos jóvenes se acercaron tímidamente para que Pedro les firmara unos autógrafos. Pedro los firmó todos, aunque pidió a los chicos que se agacharan para que no bloquearan la visión de los demás espectadores.
-Mamá, tengo sed -dijo Miranda cuando comenzaba el cuarto juego-. ¿Puedo ir a por algo al quiosco?
-Yo invito -dijo Pedro, empezando a levantarse.
Paula apoyó una mano en su brazo.
-Si vas allí serás acosado por la gente. No conseguirás volver antes de que termine el partido. Iremos Miranda y yo.
-Estoy bastante acostumbrado a moverme entre la gente -dijo Pedro, sonriendo-. Miranda y yo podemos ocuparnos de traer las cosas, ¿verdad?
Miranda asintió, encantada.
-No dejaré que lo acosen, mamá. Deja que Pedro y yo vayamos...
Paula se encogió de hombros, como diciendo «allá vosotros».
-¿Qué te apetece? -preguntó Pedro.
-Un refresco de naranja -replicó Paula.
Él asintió y luego siguió a Miranda.
-¡Guau, Paula! Qué guapo es -dijo Treva-. Eres afortunada de tener un hombre así detrás de ti.
-Pedro no está “detrás de mí” -protestó Paula-. Es sólo un amigo.
-Sí, claro -dijo Treva, escéptica-. Trata de convencer a alguien que no tenga ojos. He visto cómo te mira. Como si estuviera dispuesto a comerte.
Paula se ruborizó intensamente.
-¡Treva!
La otra mujer rió.
-No te preocupes por mí. Pero, si estuviera en tu lugar, me lo pensaría. Además de ser un encanto, ese tipo es rico. Aferrate a él el tiempo que puedas. Y si no estás interesada -añadió, sonriendo traviesamente-, dile que me llame.

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Aca les dejo dos capitulos! Espero que comenten! tw @Floor_PauChaves
Quiza  a la noche suba otro capitulo!! Segun los comentarios! Porfa comeenten! 

2 comentarios:

  1. Ahhhhhhhh, por favor, seguí subiendo que me encanta esta historia Flor.

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  2. Jajajaajaj genialll mw encantan ellos.. menos la mamá de Pau

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