lunes, 23 de febrero de 2015

Capitulo 12 -Conquistandote-

Ella miró el rostro de Pedro con incertidumbre. ¿Estaba realmente interesado en ella? ¿Comprendía lo difícil que podía resultar una relación entre ellos?
-¿Y si te pidiera que te fueras?
-Me iría -contestó Pedro, dedicándole a continuación la sonrisa que Paula no pudo resistir en la isla-. Pero no sin tratar de hacerte cambiar de opinión.
Con esa advertencia, volvió a inclinarse para besarla. Y lo hizo con pasión, como lo había hecho en la isla, cuando la magia que surgió entre ellos tomó a ambos por sorpresa. Y aquel beso, como el último, los habría sumergido en una espiral de pasión de no ser porque la puerta del cuarto de estar se abrió, interrumpiéndolos como lo habría hecho un cubo de agua helada.
Paula se apartó de inmediato de los brazos de Pedro, reprendiéndose a continuación por reaccionar a la interrupción como si aún fuera una adolescente. Miró a su madre, que los observaba con expresión mezcla de sorpresa y desaprobación.
-Voy a acompañar a Pedro a la puerta -dijo, recuperando la compostura-. Y luego subiré a hablar con Michael.
-Buenas noches, señora Chaves -Pedro dedicó a Ernestine una de sus encantadoras sonrisas.
-Buenas noches, señor Alfonso.
-No creo que tu madre vaya a unirse al club de fans de Pedro alfinso -murmuró Pedro junto a Paula cuando ésta abrió la puerta.
-Mi madre tiende a sospechar de los desconocidos.
-Y lo mismo le pasa a su hija, creo -dijo, observando su expresión.
-Tal vez -asintió.
-No soy una amenaza para ti, Paula. No he venido para molestarte ni para hacer que te avergüences. Sólo quería pasar más tiempo contigo. Pero, como ya te he dicho antes, si quieres que me vaya, me iré.
-No quiero que desaparezcas, Pedro, pero...
Él sonrió y apoyó un dedo en sus labios.
-Eso era todo lo que quería oír. Nos vemos mañana.
Paula suspiró débilmente y asintió.
-Si quieres, podemos vernos para almorzar -dijo.
Pedro la besó delicadamente en los labios.
-De acuerdo. Te llamaré por la mañana para quedar.
-Llama temprano. Salgo de casa a las ocho menos cuarto.
-Entonces, llamaré a las siete y media -dijo Pedro, impasible a pesar de la temprana hora.
-¿No necesitas mi número?
La sonrisa de pirata de Pedro destelló bajo la luz del porche.
-Ya lo tengo.
Claro que lo tenía.
-Eres realmente peligroso -dijo Paula.
-No para ti -aseguró Pedro-. Buenas noches, Paula.
Mientras cerraba la puerta, Paula oyó que Pedro se alejaba hacia su coche tarareando Stardust.
-¿De qué iba todo eso? -preguntó Ernestine a sus espaldas.
Paula respiró profundamente y se volvió.
-Como ya ha explicado Pedro, nos conocimos durante las vacaciones. Quería volver a verme.
-Supe desde el principio que no era buena idea que te fueras a esa isla sola -murmuró Ernestine-. Pero te empeñaste en ir y has conocido a un famoso de Hollywood que te romperá el corazón y nos convertirá en la comidilla del pueblo.
Paula sintió la tentación de discutir, a pesar de que era consciente de que podía haber cierta verdad en las pesimistas palabras de su madre. Pero, de momento, tenía otras cosas de las que ocuparse.
-Ahora tengo que subir a hablar con Michael, madre. Buenas noches... y trata de no preocuparte por Pedro, ¿de acuerdo?
-No trates de hacerme creer que está aquí investigando -dijo Ernestine mientras su hija subía las escaleras-. Le he visto besándote.
-No trato de hacerte creer nada, mamá -dijo Paula, por encima de su hombro-. Buenas noches.
Ernestine aún estaba murmurando cuando Paula entró en la habitación de su hijo.
Michael estaba sentado con las piernas cruzadas en medio de la cama, mirando con gesto reverente el libro que sostenía en las manos. Miranda estaba junto a él, haciendo lo mismo.
-No puedo creer que no nos dijeras que conocías a Pedro Alfonso -dijo Miranda.
-Sólo pasé unas horas con él y no sabía que volvería a verlo -explicó Paula con sinceridad-. No encontré necesario mencionarlo.
Michael giró los ojos, exasperado.
-¿No te pareció necesario mencionar que habías conocido a Pedro Alfonso?
Paula decidió no explicar que hasta hacía un rato no sabía que Pedro era Pedro Alfonso.
-Supongo que no sabía que era tan famoso.
-Ganó el premio de la Academia por el guión de su última película, mamá -protestó Miranda-. ¿Cómo no ibas a saberlo? ¿Ni siquiera lees la prensa?
-Cuando tengo tiempo. Y sólo la sección de noticias, no la de cotilleos -contestó Paula con calma, aunque por dentro se quedó impresionada.
-Los premios de la Academia son noticias, no cotilleos -dijo Miranda-. Los cotilleos de verdad son esos artículos sobre las bellezas del cine con las que siempre está saliendo.
Paula no se inmutó, pero sintió que estómago se le encogía.
-Prepárate para ir a la cama, Miranda -dijo, en un tono más severo del que pretendía-. Tengo que hablar con tu hermano.
Miranda obedeció de mala gana.
-Sé que lo que he hecho estaba mal -dijo Michael en cuanto su hermana cerró la puerta-. Y prometo que no volveré a hacerlo.
-¿Qué hacías en Bishop Road cuando se suponía que estabas en la casa de Nick? ¿Y cómo llegasteis allí?
-Fuimos en bicis. Yo llevé la de Nick y él la de su padre, que nos dio permiso para dar una vuelta. Nos encontramos con Russel y Jeremy y fuimos a Bishop Road.
-¿Y de quién fue la brillante idea de hacer el vándalo con los buzones?
Michael se encogió de hombros.
-No lo sé. Alguno empezó y los demás le seguimos. Pero tampoco fue para tanto. No los rompimos, ni nada parecido. Sólo tendrán que volver a ponerlos en su sitio.
-Michael, el vandalismo no es ninguna tontería, como tampoco lo es atentar contra el correo. ¡Hacerlo es un delito federal! ¿No has oído lo que ha dicho el agente Henshaw?
-El padre de Nick dijo que estaba exagerando por nada. Dijo que sólo estábamos jugando y que no era para tanto.
Paula se quedó asombrada.
-¿El padre de Nick dijo eso delante de ti?
Michael asintió.
-Lo llamaron para que fuera a recoger las bicicletas. Echó una buena regañina a Henshaw.
Paula apoyó los puños en sus caderas.
-Vas a llamarlo oficial Henshaw, ¿está claro? Hablarás con él y sobre él con respeto. Si el padre de Nick quiere educar a su hijo como un criminal, ése es su problema. Pero tú seguirás mis reglas cuando no estés conmigo. ¿Has entendido?
Michael se encogió de hombros.
-Quiero una respuesta ahora mismo, Michael.
-Sí, señora -contestó él.
-Bien. Y será mejor que tu respuesta haya sido sincera, porque te estoy hablando muy en serio. A partir de esta noche estás castigado sin salir dos semanas. Puedes ir al entrenamiento de baloncesto, a la iglesia y a tus reuniones de exploradores. Nada de fiestas, ni de andar por ahí con tus amigos, ni de llamadas para quedarte a dormir en casa de alguno. Y tampoco puedes invitar a tus amigos a venir.
-Pero, mamá...
-Si hay que pagar algo por lo sucedido, te lo descontaré de tu paga -continuó Paula-. Y ahora, ¿te he convencido de que esto no ha sido ninguna tontería y de que más vale que no vuelva a suceder?
Michael asintió, cabizbajo.
-Seguro que a los otros no les castigan -murmuró.
-Pero yo no soy su madre, ¿verdad? -dijo Paula, casi sobresaltándose al oír las palabras de su madre saliendo de su boca. Siempre había esperado poder evitar aquellos tópicos con sus hijos, pero, al parecer, resultaba muy difícil-. Te estoy castigando tanto por tu actitud como por lo que has hecho. Hablaremos más al respecto, Michael, pero ahora estoy enfadada y cansada y creo que será mejor que ambos nos calmemos antes de seguir con el tema. Buenas noches.
-Buenas noches -contestó Michael en tono apenas audible.
Cuando, finalmente, Paula pudo recluirse en su cuarto, estaba hecha un manojo de nervios. Aquel día había sido demasiado, pensó, moviendo la cabeza. Sentía que se balanceaba sobre la cuerda floja con el futuro de su familia sobre los hombros. Añadir un elemento más haría que perdiera el equilibrio.
Esperaba que Pedro no fuera ese elemento.

El cotilleo de Campbellville resultó ser realmente eficiente. En cuanto Paula entró en su despacho a la mañana siguiente, supo que las líneas habían sido activadas.
La primera en saludarla fue Patty Grant, de recepción.
-¿Es verdad lo que he oído? -preguntó.
-No sé, Patty. ¿Qué has oído?
-Está mañana me he encontrado con Annalee Grimes y me ha dicho que estaba ayer en tu casa cuando Pedro Alfonso se presentó a verte. ¡El auténtico Pedro Alfonso!
-Sí, lo que has oído es cierto. Conocí a Pedro durante las vacaciones. Me contó que iba a situar su próxima novela en el sur y le sugerí que viniera a inspirarse a Campbellville -la inocente mentira que había improvisado Pedro surgió con demasiada facilidad de sus labios, pensó Paula, culpabilizada.
Patty abrió los ojos de par en par.
-¿Va a salir Campbellville en su libro?
Paula decidió seguir adelante con la farsa.
-No. Va a utilizarlo para inspirarse y describir un típico pueblo del sur del futuro. Sólo ha venido para captar el ambiente y así poder hacer una descripción realista.
Patty asintió, aún asombrada.
-¿Y por qué no nos habías dicho que conocías a Pedro Alfonso?
-Supongo que pensé que no me creeríais -dijo, tratando de sonreír.
-Yo te habría creído -dijo Patty-. Bueno... puede que al principio hubiera pensado que me estabas tomando el pelo, pero te habría creído si me hubieras jurado que era verdad. Me encantaría saber cómo lo conociste, de qué hablasteis y todo eso. ¿Es tan guapo como parece en la tele?
-Es muy atractivo -contestó Paula, vagamente-. Discúlpame, Patty, pero tengo que hacer algunas llamadas antes de las nueve.
A Patty no le gustó que la conversación terminara tan pronto, pero no trató de retener a su supervisora más tiempo.
Para cuando llegó la hora del almuerzo, Paula lamentó no haber llamado aquella mañana al trabajo diciendo que estaba enferma. Otra mirada especulativa, otra ávida pregunta más sobre Pedro Alfonso y se lanzaría sobre el cuello de quien la hiciera, pensó, exasperada.
Algo le decía que su tranquila y relativamente anónima vida en Campbellville nunca volvería a ser la misma...

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Aca los dos capitulos del dia! Espero que les gusten! Y comenten porfass! Tw: Floor_PauChaves

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